EL PERRO Y EL CUADRO.

Experiencia personal que nos manda María Iglesias, y que hemos titulado EL PERRO Y EL CUADRO

perro

 

María nos pone en antecedentes. Cuando ella tenía unos quince años un tío suyo falleció con veintisiete de forma violenta.

Hace unos años mi tía y hermana del fallecido apareció con un retrato que le había hecho una pintora amiga suya a partir de una fotografía.El cuadro ha estado en diferentes sitios de la casa, pero hasta hace poco no quedó instalado en el lugar preferente y definitivo que tenía previsto mi abuela, su madre y que obviamente nunca superó lo ocurrido.
Pues desde hace unos meses, el cuadro está en su lugar de honor y con una luz permanente alumbrándolo, día y noche.
El primer animal en reaccionar de forma extraña fue el perro de mi madre.Era la primera vez que veía el cuadro y mi madre me comentó que el perro había reaccionado de forma extraña, erizándose y gruñendo a la imagen directamente.

Tengo que decir que a mí el cuadro siempre me ha inquietado bastante, porque realmente se parece mucho, pero con esos ojos fijos que tienen los retratos y que siempre me dan muy mal rollo.

Nos extrañó un poco, pero como era la primera vez que lo veía y estaba en una casa que no era la suya, pues tampoco le dimos demasiada importancia.
Hace un par de semanas estábamos mi madre, mi marido, mi abuela, mi perro y yo en ese salón donde está el cuadro y mi perro sí que lo ha visto un montón de veces y no le ha hecho ni caso.
Sin embargo este día  y de repente, se puso a ladrarle como un loco, también erizado e histérico.A mí se me pusieron los pelos como escarpias porque miraba al cuadro y al perro alternativamente y no entendía nada.
Lo cogí en brazos y lo acerqué al lienzo para que lo oliese y viese que no pasaba nada, y ahí muy bien, lo olía, como haría con cualquier otra cosa, pero al dejarle en el suelo otra vez se ponía a una distancia prudencial ladrando fuera de sí.
Probé lo de acercarlo varias veces, incluso lo saqué a la calle para ver si al volver a entrar en la sala tenía la misma reacción o si ya se le habría olvidado, pero nada…vuelta a lo mismo.
Así que finalmente lo bajé al jardín y tuve que dejarle allí hasta que yo misma me fui, porque era imposible tenerle allí con los ladridos y estábamos todos alucinando un poco.
Yo no sé qué veía, escuchaba o intuía el perro, pero la forma en que se puso no era normal para nada.
No soy de dar demasiada importancia a estas cosas, ni tengo demasiado miedo pero al ser ya dos perros los que reaccionan de igual manera…
Me resulta curioso que el cuadro sólo le haya provocado esa sensación ese día y no todas las demás veces.
También me parece raro porque no creo que los perros vean el retrato como una representación de una persona.No creo que identifiquen las cosas dibujadas, ni fotografiadas.Verán cosas, claro que sí, pero no saben si es una persona, un jarrón o un coche.
En estos días probaré otra vez a llevar al perro a esa sala y que vuelva a verlo para ver cómo reacciona esta vez.

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