EL NIÑO GACELA

Rómulo y Remo, Tarzan, El pequeño salvaje, leyendas, novelas y películas con un mismo argumento,  niños criados por animales salvajes y que acabaron imitando su comportamiento, niños que con mayor o menor suerte, dependiendo del criterio de cada uno, terminaron  reintegrándose a la manada humana,  o decidieron acaba sus días con aquellos que entendieron los adoptaron como parte de su propia especie.

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Dicen que el primer niño gacela del que se tiene constancia  fue capturado en el desierto de Siria en 1945. En un escrito Abdul Karim, datado en 1946, cuenta que el jefe de la tribu Ruweili, Amir Lawrence al Sha’alan, atrapó un muchacho salvaje en el desierto Transjordano, entre Siria e Irak, durante una batida de caza.

 “Me asombré al ver lo que parecía un muchacho que corría en medio de una manada de gacelas que perseguíamos”, dijo el Amir. “Llamé a los ocupantes de los otros coches para parar de tirar. Seguíamos estando alejados, pero podíamos ver que el muchacho corría tan rápidamente como las gacelas. Perseguimos la manada en nuestros coches a unos 80 kilómetros por hora, mientras tanto él continuaba con ellas, corriendo a un paso mitad-humano, mitad-animal. Vimos repentinamente al muchacho tropezar y caer. Cuando llegamos a él encontramos que su pierna había sido dañada por una piedra grande. Él nos miraba con miedo con sus ojos luminosos y se contraía cuando lo tocábamos, emitiendo un grito como una gacela herida”.

El muchacho de unos 1,70 de altura estaba extremadamente flaco y toda su piel estaba cubierta de un pelo fino. El doctor Musa Jalbout, del equipo medido del Iraq Petroleum  Company de Bagdag, uno de los médicos a los que fue encargada la custodia del muchacho, dijo que actuaba, comía y gritaba como cualquier gacela, y que no tenía ninguna duda que había vivido toda su vida entre las gacelas, siendo amamantado por ellas y comiendo la escasa hierba del desierto junto con la manada. Debía tener cerca de 15 años. No hablaba y seguía comiendo sólo hierba. Le enseñaron a comer pan y carne.

 Se dijo que tal vez era hijo de algún beduino y que fue abandonado en el desierto, en donde fue adoptado por las gacelas.

Otro de los casos de los niños gacela fue el que diera cuenta Jean-Claude Auger, un antropólogo del País Vasco, mientras viajaba a través del Sahara español (Río de Oro) en 1960. Según cuenta en una reunión con algunos nómadas Nemadi, le hablaron de un niño salvaje el cual estaba a un día de viaje de distancia. Al día siguiente, y siguiendo las instrucciones de los nómadas, se dirigió al lugar. En el horizonte, vio a un niño desnudo “al galope en los límites entre un desfile gigantesco largo de gacelas blancas”. El muchacho alternaba el caminar a cuatro patas con el caminar vertical sobre las piernas.

“Habitualmente le temblaban los músculos, el cuero cabelludo, la nariz y las orejas, al igual que el resto de la manada, en respuesta al más leve ruido. Comía raíces del desierto, parecía ser herbívoro, aunque ocasionalmente también comía algún gusano”

A diferencia de su predecesor, este niño gacela jamás fue capturado.  En 1966, se intentó su captura mediante una red suspendida en un helicóptero, pero el intento resultó fallido, esta sería la última vez que se le vería.

Algunos dirán que estas historias no pasen de ser simplemente leyendas, pero yo me preguntaría, ¿Acaso somos los seres humanos los únicos que tenemos derecho a tener mascotas?

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“Cuanto me hubiese gustado que me entendiera. Poder expresarle hasta qué punto el dolor del mordisco me llenaba de satisfacción. ¿Podía alegrarme? Tenía la prueba de que el sentimiento de lo justo y de lo injusto ya no era extraño al corazón de Víctor. Al darle, o más bien al provocarlo, ese sentimiento acababa de elevar al hombre salvaje a la altura del hombre moral por su mejor característica y más noble atributo”.

El pequeño salvaje (François Truffaut, 1969)

Fran González

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