EL ESTUDIO DEL MONSTRUO.

A lo largo de la historia hemos tenido conocimiento de todo tipo de crueles experimentos realizados con humanos, y sin duda, este ocuparía el deshonor de estar entre los más crueles que se conocen, y no solo por el experimento en sí, sino porque en esta ocasión hablamos de niños huérfanos utilizados como conejillos de indias. Nos referimos al llamado “Monster Study”, “El Estudio del Monstruo”

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El llamado Monster Study  fue una investigación psicológica experimental desarrollada por Wendell Johnson, profesor de la Universidad de Iowa en 1939, que tomó como sujetos de experimentación a un total de 22 huérfanos, de entre 5 y 15 años, que vivían en Davenport, y cuyo objetivo era inducir a la tartamudez a sujetos  que n o la padecieran.

 Para seleccionar a los pequeños entrevistaron a un total de 256 niños, de los cuales seleccionaron 10 que presentaran tartamudez y otros 12 que no tuvieran problemas del habla. Como cabe esperar, se emparejaron tomando en cuenta el género, la edad y el Coeficiente Intelectual.

Para Johnson, un patólogo del habla que carecía de preparación psicológica, la tartamudez era en realidad un comportamiento aprendido, un resultado negativo de la ansiedad del niño en el aprendizaje del habla y no era una cuestión de herencia o genética. Pero para lograr probar sus teorías, Johnson escogió un camino más que equivocado. Con  Mary Tudor, una de sus mejores estudiantes de posgrado, como ayudante, iniciaron el experimento sobre los niños, repartidos en dos grupos, desarrollándolo de acuerdo a una serie de lo que él llamaba devoluciones, que podían ser positivas o negativas.

Mary era la encargada de comunicarse con los niños, y mientras a los de un grupo Tudor las devoluciones eran positivas, les hablaba y elogiaba su fluidez verbal, al otro le tocaron las devoluciones negativas,  menosprecios, insultos, y si en algún momento los niños, motivados por el miedo a la reacción de la estudiante, interrumpían sus elocuciones, esta les recalcaba que eran tartamudos. Por decirlo de alguna manera, la estudiante reprimía continuamente la expresión verbal del segundo grupo.

Como puede presuponerse, el grupo de niños que estuvo sometido a la influencia negativa no solo desarrollaron durante su vida serios problemas en la comunicación y el lenguaje sino que también mostraron trastornos desde el punto de vista psicológico. El estudio también se intentó mantener oculto por miedo a las repercusiones mediáticas y sociales que éste podría tener pero también porque los propios colegas de Johnson le aconsejaron que no empañara su reputación con la publicación del mismo. No obstante, en el año 2001 la Universidad de Iowa se disculpó públicamente por este hecho, y según consta en la tesis que finalmente se hizo pública “El verdadero objetivo del estudio se centraba en propiciar la tartamudez en los niños sanos modificando solamente la forma de comunicarse con los pequeños y a la misma vez, eliminar la tartamudez de los otros niños a partir de una comunicación afectuosa y un lenguaje claro”.

El periodo experimental se extendió durante cinco meses en los cuales los pequeños eran sometidos a 45 minutos de charlas que verdaderamente seguían un guión prefijado con antelación. A muchos pequeños que tenían dificultades al hablar solía decirles: “Superarás la tartamudez y serás capaz de hablar incluso mejor que las personas que te rodean. No prestes atención a aquellos que critican tu habilidad, sin dudas no se dan cuenta que es solo una fase”. Al contrario, con los pequeños sanos el discurso cambiaba radicalmente: “El equipo médico ha llegado a la conclusión de que tienes un gran problema al hablar. Tienes muchos de los síntomas de los niños que son tartamudos. Debes hacer algo para detenerte inmediatamente. Utiliza tu poder. No hables a menos que puedas hacerlo bien. ¿Has visto como habla (y mencionaba el nombre de un niño del orfanato que mostraba evidentes problemas de tartamudez)? Sin lugar a dudas comenzó igual que tú.”

Tudor recogía en sus notas que después de la quinta sesión los resultados eran evidentes: muchos de los niños que hablaban perfectamente el mes antes, ahora se negaban a hablar o mostraban dificultades. Por supuesto, en este caso se refería a pequeños entre los 5 y los 9 años de edad porque en el adolescente de 15 años que era más consciente de sí mismo, el proceso demoró un poco más sin embargo, las consecuencias fueron más severas. Todos los niños sometidos a esas llamadas devoluciones negativas desarrollaron serios trastornos psicológicos de la personalidad, marcados por comportamientos retraídos, problemas de ansiedad y habla retenida.

 El experimento, fue apodado el “estudio del monstruo” por otros estudiantes de Iowa. En cuanto a Mary Tudor, lo único que se supo en su momento, fue que  la mejor estudiante de Johnson, desertó oficialmente una vez acabado el experimento.

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En una publicación del New York Times del año 2003 sobre la investigación, titulado “El estudio del monstruo del doctor de la tartamudez”, se explicó todo lo sucedido y en él participaron varios estudiantes futuros de la misma universidad. En el año 2007, tras las demandas de las víctimas de este cruel experimento, la Universidad de Iowa pagó una suma de USD 925.000 de indemnización a las víctimas, dinero que difícilmente podrá borrar el daño que sufireron las personas que padecieron el experimento.

Fran González

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