ECM NEGATIVAS. Las otras experiencias cercanas a la muerte.

Yo no sabía adónde iba, pero no podía controlar hacia donde era arrastrada. Durante una fracción de segundo, pensé que me dirigía hacia el cielo, pero repentinamente algo sucedió. Me detuve en seco en ese túnel y, como un relámpago, empecé a caer más y más rápido.

Sentía que caía verticalmente en una especie de agujero negro. Era tan oscuro que parecía que se podía cortar, mientras caía, empecé a escuchar chillidos, gritos, horribles risas y el olor más putrefacto que pueda imaginarse. Entonces, la oscuridad se convirtió en fuego, y yo caía hacia un inmenso horno. El fuego comenzó a quemarme y empecé a chillar. Aterricé sobre mi espalda, choqué con lo que parecían rocas y sentí un dolor horrible por todas partes.

ecm negativa

Científicos, médicos, experiencias personales, durante décadas hemos oído hablar de las ECM, experiencias cercanas a la muerte, y en todas ellas varios puntos en común, la luz, el túnel, la paz, sin embargo existen otras experiencias, digamos no tan placenteras, que al parecer todos han tratado de ocultarnos, incluso algunos estudiosos creen que estas son tan habituales como las otras, tan solo que los que las sufren pretenden olvidarla lo antes posible. La experiencia con la que comenzamos el articulo forma parte del relato de alguien que vivió una de estas ECM negativas.

En 1985 la investigadora Margot Grey concluyó que un 12% de las experiencias cercanas a la muerte eran claramente negativas o infernales. Grey dedicó un capítulo al asunto en su libro Return from Death (Regreso de la muerte). En el mismo indicaba que éstas eran escasas, pero poseían unas características bien definidas. En primer lugar, siempre se hacía presente un sentimiento de pánico o miedo extremo. Otros elementos eran la angustia mental y emocional, así como la desesperación más absoluta. «La gente declaraba sentirse perdida y desamparada y, con frecuencia, experimentaban una intensa sensación de soledad junto con una gran desolación».

En 1994, la investigadora P. M. H. Atwater, autoridad mundial sobre las experiencias cercanas a la muerte, aseguraba que un 14% de las mismas eran infernales. El investigador Gardfield reporto en 1979 tantas ECMs positivas como negativas, Serdahely reportó un 33% de ECMs de este tipo.

En el año 2001, Knoblauch y col.  reportaron que, en las ECMs estudiadas en Alemania Occidental, el 60% tuvo emociones positivas y el 29% emociones negativas, mientras que en Alemania Oriental sólo el 40% manifestó emociones positivas y el 60% negativas.

El doctor Rawlings escribió un libro llamado “Al Infierno y de Regreso” en el que narraba como siendo un ateo militante, se convirtió tras ver y escuchar las ECMs infernales de algunos de sus pacientes, en ellas aparecen los elementos característicos del Infierno, descenso a un lugar de terror, visión de los demonios y condenados, fuego y olor pestilente, etc.

Y a pesar de todo, parece que nos negamos a hablar de ellas, como si no existieran, como si tras la muerte lo único que nos puede esperar es un mundo mejor. Como si nos quisiéramos negar a aceptar relatos con el que encabezamos el artículo y que continúa como sigue:

ecm negativa 2

Cuando abrí mis ojos, me di cuenta de que no estaba sola, porque unas extrañas criaturas comenzaron a agarrarme y arrastrarme hacia lo que parecían unas puertas negras inmensas. Empecé a patalear y a chillar, gritando a todo pulmón. Recuerdo que una criatura gigante empezó a rasgarme la piel de la espalda con lo que parecían sus afiladas uñas, otra empezó a tirarme del pelo fuertemente, otra me pateó, me tiró, riéndose y burlándose acerca de asuntos personales que parecía conocer de mí…

Recuerdo haber visto repentinamente a Gareth, colgado boca abajo con clavos atravesándole las manos y los pies. Aquellas criaturas empezaron a azotarlo el fuego lo consumía y la carne de sus manos, pecho y cabeza ya había comenzado a fundirse y a pelarse. Lo miré a la cara. ¡Él estaba aterrorizado! Y empezó a llorar de forma incontrolable, suplicándoles que no lo hicieran. Repentinamente, yo grité: Dios mío, por favor, ayúdame… Algo que a esas criaturas parecía molestar. Cada vez que mencionaba el nombre de Dios se ponían más agresivas y, de pronto, una gran succión me arrancó de sus garras y comenzó a llevarme de vuelta al túnel, despertándome ante la voz de una doctora. Ella me dijo que, después de dos horas, yo me había recuperado, pero Gareth no. Aparentemente, mientras ellos intentaban revivirlo, su corazón cedió. La hora de su muerte había sido confirmada media hora antes que la mía.

Hasta hoy juro que todavía puedo oler ese olor a podrido de carne quemada y pelo quemado. Antes, incluso, me solía dar fiebre cada vez que pensaba sobre lo ocurrido a Gareth y sobre dónde estará hoy día

Fran González

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