DESAPARECIDAS. Mi crónica del programa

Ester pasó la tarde jugando a las cartas con sus amigas en su casa. Al caer la tarde, sus amigas, Toñi, Miriam y Desiré, decidieron salir a la calle e ir a la discoteca. Ester lamentó que una fuerte gripe la impidiera acompañar a sus amigas, como era costumbre. Ester no era consciente de la tragedia que se avecinaba, nunca más volvería a ver a sus amigas con vida. La gripe libró a Ester de convertirse en la cuarta “niña de Alcasser”.

alcasser

Obviaremos lo que se llegó a comentar de Ester con el paso de los días, solo decir que pasó de casi victima a casi culpable. Supongo que la adolescente, hoy mujer, jamás podrá olvidar aquel fatídico día, 22 de Noviembre de 1.992, al igual que supongo que en sus peores pesadillas siempre estará la imagen de aquellos que vertieron todo tipo de basura sobre ella, condenándola a la hoguera por el simple hecho de haber tenido una inoportuna gripe.

Dicen que con el caso de “Las niñas de Alcasser” se inició la telebasura en nuestro país, y no es para menos, los que tenemos edad de recordar perfectamente aquellos días, creo que aun sentimos nauseas rememorando todo cuanto se decía en la caja tonta sobre el caso. Veinte años más tarde volveríamos a sentir las mismas nauseas al comprobar como una cadena televisiva pagaba una buena cantidad de euros por una entrevista en exclusiva a la madre de uno de los presuntos asesinos de Marta del Castillo.

En la última estadística que conozco, la del año 2012, se cifra en 14.000 las personas que desaparecen cada año tan solo en España. La mayoría de ellos, salvo los más mediáticos, caen fácilmente en el olvido. Si la policía no obtiene pruebas contundentes del hecho delictivo,  los jueces archivan los casos, y en muchos de ellos, ante la falta de recursos policiales, son los propios familiares los que se ven obligados a ejercer como detectives, y encontrar nuevas  pruebas para tratar de reabrir los casos.

No sé si en algunos casos como los de Toñi, Miriam y Desire, el de Gloria Martinez, el de Malen Ortiz, o el de la pequeña Madeleine, se esconde algo más de lo que se nos ha dicho hasta ahora, y reconozco que me gustaría saberlo, igual que me gustaría saber dónde se encuentra el cadáver de Marta del Castillo. Creo que es de justicia y humanidad el que ningún crimen quede impune y el que los restos de todos nosotros reposen eternamente allí donde el deseo de nuestros familiares o el nuestro propio así lo tenga establecido, pero también me gustaría que dejáramos alguna vez de ahondar en el dolor de los que sufren.

No es suficiente decir que él o la desaparecida ha sido encontrado muerto, asesinado, sin más detalles, eso no vende, lo que vende es la tortura, la violación, y cuantos más detalles escabrosos mejor. Por si ya no fuera suficiente dolorosa la pérdida de un hijo, imaginaros si además alguien se empeña en narrar minuto a minuto la agonía de ese hijo antes del último suspiro.

Los amantes del misterio, de las conspiraciones, también indagamos en esos casos de desapariciones, de asesinatos, en los que parece que la verdad permanece oculta, por esos es bueno que reflexionemos unos minutos, todos, sin excepción, y entendamos que la búsqueda de la verdad es necesaria, pero que hasta que esta se encuentre, la única verdad es que hay personas desaparecidas de las que nunca más se supo, asesinatos con muchas incógnitas, y cadáveres que no se saben dónde están enterrados,  y que tras esa verdad irrefutable hay padres, hermanos, abuelos, hijos, amigos, que no se merecen para nada que nos recreemos aún más en su dolor.

desaparecidos

están en algún sitio / nube o tumba

están en algún sitio / estoy seguro

allá en el sur del alma

es posible que hayan extraviado la brújula

y hoy vaguen preguntando,  preguntando

dónde carajo queda el buen amor

porque vienen del odio

                    Mario Benedetti

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Fran González

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