CONTACTO TELEFONICO

Desde el principio de los tiempos los seres humanos siempre han hecho uso de su creatividad y su ingenio para poder sobrevivir en el mundo que le rodea. El hombre, a lo largo de su historia en este planeta, ha podido, por medio de la tecnología que ha ido creando en función de sus necesidades, adaptarse al medio. Actualmente vivimos en lo que algunos llaman la “era tecnológica”, en la que la tecnología tiene un papel fundamental en nuestras vidas en todo momento del día.

En el siguiente relato podremos comprobar esto mismo en la vida de Alejo, un tipo tan normal como cualquiera de nosotros. Alejo es un chico bastante normal como ya les acabo de decir, con un grupo de amigos, novia, familia y toda una vida por delante para poder cumplir sus metas tanto personales como profesionales. Y como no, con toda una gama de aparatos tecnológicos a su disposición.

Alejo acaba de licenciarse en la Facultad de Derecho y se encuentra recién llegado al difícil y competitivo mundo laboral. Tras unos largos meses enviando su curriculum a todos los bufetes de la ciudad y alrededores, el joven abogado se encuentra algo desalentado por la falta de oportunidades.
Son algo más de las 7 p.m. y nuestro protagonista, que se encuentra frente a la pantalla de su portátil, recibe la llamada de un amigo.

Alejo: Dime Mario, ¿Qué te pasa?

Mario: Hola chaval, estamos aquí en el pub que está frente a tu casa y nos preguntábamos si querrías tomarte algo con nosotros.

Alejo: Claro, ahí estaré en cinco minutos. Chao.

Mario: Chao.

Dicho y hecho. Alejo se pone algo de abrigo y sale en dirección al pub donde sus amigos le esperan en una de sus típicas reuniones informales.

Ya dentro del establecimiento, Alejo, que desde su casa ha ido caminando con los ojos clavados en la pantalla de su teléfono móvil, se hace paso por entre las mesas y sillas del establecimiento, no sin tropezar un par de veces hasta llegar a la mesa donde le esperan sus amigos.

Mario: Oye, estamos aquí. ¿Es que no te aburres de estar siempre enganchado a tu móvil?

Gema y Carlos, los otros integrantes del grupo, sonríen a la vez que asienten con la cabeza por la pregunta que acaba de hacer Mario.

Alejo, acostumbrado ya a las burlas de sus amigos por el mismo motivo, apenas hace caso y se sienta sin dejar de prestar atención a la pantalla del pequeño aparato tecnológico.

Tras unos minutos en los que el grupo sigue con su charla, en la que por supuesto Alejo apenas ha prestado atención, éste, por primera vez desde que llegó, coloca su teléfono en la mesa y se une a la conversación. Pero, tras breves instantes, el teléfono vuelve a sonar, señal inequívoca de que un nuevo mensaje alerta de la necesidad de ser leído inmediatamente por su destinatario.

Alejo, tras echar un primer vistazo a la nueva misiva, con rostro preocupado, se levanta inmediatamente de la mesa y sale fuera del pub. Sus amigos quedan en silencio y comienzan a especular sobre cual pudiera ser el motivo de tal reacción por parte de su amigo. Desde la ubicación donde se encuentran Mario y compañía se puede ver, tras los cristales de una de las ventanas del pub, a Alejo en la calle haciendo gestos ostensibles con su mano a la vez que no para de hablar por su celular. Todos comienzan a entender que debe ser otra de sus típicas discusiones con su novia Laura. Y tras la intensa y acalorada discusión, Alejo pone fin a la llamada y vuelve a su asiento.

Nada más sentarse, Mario hace de portavoz del grupo y le pregunta:

Mario: ¿Era Laura?

Alejo, con rostro y tono preocupado responde:

Alejo: ¿Quién si no?

Carlos, para quitar tensión al ambiente, reacciona rápidamente y, señalando con el dedo índice al fondo del bar hacia un grupo de personas que se encuentran reunidas tomando unas cervezas, pregunta al resto del grupo:

Carlos: Mirad, ¿No es aquel que está sentando allí Damián?

Gema: Si, cierto. Damián, el rarito que vive frente a mi casa.

Carlos y Gema, en un claro intento por alegrar a Alejo, sonríen pero éste sigue sin cambiar su rostro. Y casi sin esperar a que acaben de reír, Alejo se levanta y se despide de todos con un seco pero contundente Adiós.

El joven preocupado vuelve a su casa del mismo modo como salió, en plan autómata y con sus ojos metidos en la pantalla del teléfono móvil. Éste cruza el salón y el pasillo hasta entrar en su habitación casi sin darse cuenta que sus padres le han ido saludando por el camino.

Una vez en su dormitorio, con la luz apagada, Alejo se tumba en la cama y comienza a ver una película que tiene descargada en la memoria de su teléfono. Una hora más tarde, el joven licenciado aparece dormido con su teléfono caído en su pecho con la película aun en emisión.

A la mañana siguiente, Alejo despierta y se percata que su teléfono está casi sin batería. Así que se levanta, recoge el cable del cargador que se encuentra tirado en el suelo y conecta el teléfono a la toma de corriente. Inmediatamente después, observa que tiene un mensaje sin leer de Laura, su novia. Alejo, consciente de que su relación con Laura no está pasando por un buen momento, se pone algo nervioso antes de leer dicho mensaje. Finalmente, aprieta el botón y lee:

Mensaje de Laura: ¿Ves cómo cuando quieres puedes ser el chico más dulce del mundo? Gracias por no dejar que me acostara enfadada. Te amo.

Alejo comenzó a recordar su discusión con Laura de esa misma noche y con cara de incredulidad deja el teléfono sobre la mesa. Definitivamente no entendía nada. ¿Cómo era posible que su novia le hubiera mandado ese mensaje si la última vez que habló con ella sus palabras de despedida no fueron precisamente de amor?, ¿Qué sentido tiene que, tras una discusión tan acalorada, Laura mandase un mensaje de reconciliación cuando no ha sucedido tal cosa?

Alejo: ¿Será pura ironía?, no, no creo porque Laura no es para nada una persona irónica. Espera, espera, ¿Y si se ha equivocado de número?, ¿Es que acaso me está engañando con otra persona? Realmente tampoco creo que sea esto porque, a pesar de que últimamente discutimos mucho, Laura nunca me ha dado motivos para sospechar de una cosa así. La voy a llamar, sí, eso haré.

Alejo recoge el teléfono de la mesa y llama a Laura.

Alejo: ¿Laura?

Laura: Hola cariño. Gracias por volver a llamarme anoche y demostrarme que aún me amas.

Alejo, tras estas palabras de Laura, queda totalmente estupefacto. Y comienza a dudar si realmente él hizo esa llamada esa misma noche. Finalmente, prefiriendo no arriesgar a otra discusión con Laura, decide no comentar nada de su supuesto “vacío” en la memoria y solamente responde:

Alejo: Claro que te amo.

Tras unos minutos de conversación amorosa, finalmente ambos se despiden y finalizan la llamada.

Alejo: Pero que cosa más rara. No recuerdo haber llamado anoche otra vez a Laura. ¿Tendré problemas de memoria?, en fin, lo importante es que Laura ya está otra vez de buenas conmigo.

Y tras esta deliberación, el joven se dispone a salir de su habitación. Pero justo cuando va a cerrar la puerta, el teléfono comienza a sonar de nuevo. Inmediatamente Alejo corre hacia el aparato y observa en la pantalla que es un número que no tiene guardado en la memoria de su celular pero que, gracias al prefijo de éste, advierte que es de su misma ciudad.

Alejo: Diga, ¿Quién es?

Álvaro: Buenos días, ¿Es usted Alejo García?

Alejo: Si, señor, yo soy Alejo García.

Álvaro: Buenos días Alejo. Perdóneme, no le reconocí la voz desde la última vez que hablamos por teléfono. Mire, me llamo Álvaro Carrascosa, del Bufete Carrascosa Asociados. No sé si me recordará de la conversación que tuvimos hace unos días.

Alejo queda totalmente enmudecido. Y no precisamente porque lo estuviera llamando el que posiblemente es el bufete más prestigioso de la cuidad, sino porque una vez más estaba siendo consciente de un hecho que se le atribuía a él pero que no recordaba haber realizado.

Álvaro: ¿Oiga?, ¿Sigue usted ahí?

Alejo: Si… si, sigo aquí. Pero, dígame, ¿Cuál es el motivo de su llamada?

Álvaro: Verá, le explico. Tras la conversación que tuvimos usted y yo el otro día, y después de haber estudiado todos los perfiles de las personas que han solicitado el puesto vacante en mi bufete, aunque ya sé que no posee aun la experiencia que otros de los postulantes si tienen, la verdad es que la conversación que tuve la oportunidad de tener con usted me hace ver que es una persona sobradamente preparada y con grandes conocimientos sobre el derecho. No me cabe la menor duda que usted es la persona idónea para ocupar el cargo que ha quedado vacante en mi bufete. Dígame, ¿Desea usted trabajar en Carrascosa Asociados?

Alejo: Sí… sí… claro… por supuesto.

Álvaro: Muy bien, entonces el lunes a primera hora venga usted a mi despacho y firmaremos el contrato vinculante. Que pase un buen fin de semana.

Alejo: Igualmente señor.

Y tras la despedida, Alejo comienza a saltar de alegría en su habitación.

Alejo: ¡Madre mía!, deja que cuente esto. Voy a trabajar en el mejor Bufete de la ciudad. ¡Por fin las cosas comienzan a salirme bien! Aunque, para ser sincero, esto de no recordar cosas me comienza a preocupar un poco. Bueno, pensándolo bien, lo de Laura si es raro, pero esto del Bufete quizás no lo recuerde debido a las tantas llamadas que he realizado en las últimas semanas. Bueno, no voy a preocuparme más. Creo que ahora no es momento de eso sino de disfrutar de la gran noticia.

Y así lo hizo. Salió de su habitación a toda prisa y fue a contarles la buena nueva a sus padres que se encontraban en la cocina.

Seguidamente volvió a su habitación y llamo a todos sus amigos para darles también la noticia. Así que, tras más de una hora de intercambio de mensajes en su grupo de wassap, decidieron organizar una fiesta para celebrarlo.

Son las 8 p.m. y Alejo se cita con Laura en un parque de la cuidad. Alejo, como es habitual en él, llega con el celular entre sus manos y con sus dedos sin cesar de apretar los botones como si le fuera la vida en ello. A lo que Laura, antes de saludarlo, le espeta:

Laura: Por favor, deja el teléfono guardado. No empieces como siempre haces.

Alejo: Ok, ok. Ya lo guardo.

El joven novio guarda el teléfono en su bolsillo y se sienta junto a Laura en el banco donde ésta lo estaba esperando.

Comienzan a besarse apasionadamente como si fuese su primera cita. Es obvio que, después de una época de continuas discusiones, ambos enamorados necesitaban un momento como éste para limar asperezas.

Laura: Oye, por cierto, ¿Ya te encuentras mejor de la garganta?

Alejo: ¿Cómo dices?

Laura: Si, es que, no sé, anoche cuando me llamaste te noté la voz un poco ronca y pensé que quizás estabas algo tomado de la garganta.

Alejo: Pues no, estoy perfectamente. Y con respecto a la llamada de anoche… bueno, déjalo… no importa.

Laura: No, dime, ¿Qué ibas a decir?

Alejo, que no quería reconocer el hecho de que ni siquiera recordaba haber realizado dicha llamada, prefirió inventarse otra cosa para decir.

Alejo: Pues… que… te quiero mucho y no quiero que volvamos a discutir.

Y allí, bajo la luz tenue de una farola, ambos enamorados vuelven a abrazarse y a besarse de forma apasionada.

Ya de vuelta a su casa, Alejo saca su teléfono del bolsillo y comienza su peculiar desconexión de la realidad. Una vez en su habitación, éste se desviste casi con una mano mientras sigue visualizando la pantalla del teléfono que mantiene sujeto con la otra mano. Ya tendido en la cama, se va despidiendo de sus amigos a la vez que confirma la fiesta de celebración por su empleo para la noche del día siguiente. Una vez confirma el evento, apaga la luz y, tumbado en su cama con la única luz del resplandor de la pantalla del celular, comienza a buscar la música que tiene guardada en la memoria. Finalmente, y tras ojear durante un buen rato la larga lista de opciones, se decide por el tema de Von Jovi “It´s my life”. Pero, a mitad de la canción, comienza a sonar el teléfono. Alejo, que se encontraba adormecido, pega un salto de la cama como consecuencia del susto. Una vez recuperado del sobresalto, éste mira la pantalla del celular y advierte que el número que sale en la pantalla es el de su propio teléfono.

Alejo: Que extraño, sale mi propio número.

A pesar de su extrañeza decide aceptar la llamada y con mucha curiosidad se lleva el aparato al oído.

Voz del teléfono: Hola Alejo, creo que ha llegado el momento de que hablemos.

Una voz un tanto ronca que no se asemeja a la de ninguna persona conocida pero que sin embargo le trata como si lo conociese de mucho tiempo atrás.

Alejo: Un momento, ¿Quién eres?, ¿Nos conocemos?

Voz del teléfono: ¿Qué si nos conocemos?, por supuesto que nos conocemos. Me debes todo lo que eres.

Alejo: ¿Cómo dices?, ¿Qué te debo qué?

Voz del teléfono: As oído bien, me debes todo lo que eres.

Alejo: ¡Jódete!

Y después de soltar el insulto, Alejo cuelga el teléfono de forma enérgica.

Alejo: Pero, ¿Quién era ese tipo?, ¿Se habrá equivocado de número?

Y mientras el joven licenciado queda pensativo en el silencio de la noche, poco a poco sus parpados le van pesando más y más hasta que, finalmente, cae profundamente dormido.

A la mañana siguiente, el sonido de una llamada entrante despierta a Alejo. Éste, aun medio dormido, recoge el teléfono y responde:

Alejo: Diga.

Mario: ¿todavía en la cama?

Alejo: No me jodas, Mario. ¿Qué quieres?

Mario: Solo quería decirte que mis padres salen esta tarde de viaje y tengo la casa libre. Solo mi gato estará. Así que la fiesta la realizaremos en mi casa.

Alejo: Gracias tío. Eres el mejor.

Mario: De eso nada. Cuando tenga un problema me tendrás que representar gratuitamente.

Alejo: jajaja. Ok.

Mario: Bueno, esta noche nos vemos. Chao.

Alejo: Chao.

Casa de Mario, 9 p.m. Ya todos se encuentran en la fiesta.
Mario, Gema, Carlos, Laura y Alejo. Todos conversan animadamente mientras degustan, sorbo a sorbo, un vaso de ron con cola. Todo, a su vez, ambientado con música discotequera.

Alejo conversa en un extremo del salón con Laura, cuando de repente comienza a sonar su teléfono. Consciente de que a Laura no le gusta que se distraiga con el móvil cuando están juntos, decide excusarse e ir al baño.

Una vez dentro del baño, éste, baja la tapa del retrete y se sienta para recibir más cómodamente la llamada. Pero cuando mira la pantalla del teléfono vuelve a ver que su propio número es el que se ve reflejado.

Alejo: Otra vez esta paranoia. Pero, ¿Quién puede ser? Voy a solucionar esto de una vez.

Y así lo hizo. Apretó el botón de aceptar la llamada y comenzó la conversación.

Alejo: Dime de una vez quien eres.

Voz del teléfono: ¿De verdad que no lo sabes?, entonces eres más estúpido de lo que pensaba.

Alejo: ¿Y encima te atreves a insultarme?

Voz del teléfono: No es un insulto, tan solo estoy describiéndote.

Alejo: ¡Vete a la mierda!

Y seguidamente cuelga la llamada. Pero solo unos segundos después el teléfono vuelve a sonar.

Alejo: A ver, ¿Eres un psicópata o algo parecido?

Pero la respuesta que éste recibe al otro lado de la línea telefónica es una sonrisa que se torna en carcajada cada vez que el joven repite su pregunta.

Alejo: Espera, creo que ya lo pillo. Eres Mario o uno de estos.
Esto es una broma, ¿Verdad?

Voz del teléfono: Jajaja… no.

Alejo, creyendo que quizás sea una broma que le están gastando sus amigos decide abrir un poco la puerta del baño para observar si alguno de los allí presentes están hablando desde algún celular. Pero, desgraciadamente para él, todos siguen bailando y conversando, ajenos a la angustia de su situación.

Alejo: Está bien. Si lo que querías es asustarme ya lo has logrado.

Voz del teléfono: No, no es eso lo que quiero. Solo quiero que comiences a aceptar tu verdadera realidad.

Alejo: No te comprendo.

Voz del teléfono: Ahora lo entenderás. ¿Quién crees que ha solucionado tus estúpidos conflictos de pareja? O ¿Quién crees tú que ha conseguido ese puesto de trabajo que tanto ansiabas?, ¿Acaso crees que todo eso te ha llegado venido del cielo?, sí es así, entonces es que eres más imbécil de lo que pensaba.

Alejo: Pero, por Dios, dime, ¿Quién eres?

Voz el teléfono: Mira la pantalla y dímelo tú mismo.

Alejo hace caso a la misteriosa voz que se encuentra al otro lado de la línea y vuelve a mirar la pantalla del teléfono. Y una vez más, como todas las anteriores veces, observa que es su propio número de teléfono.

Alejo: ¿Yo?, ¿Acaso soy yo?

Voz del teléfono: No, soy yo.

Alejo: ¿Y quién eres tú?

Voz del teléfono: Soy aquel que ha moldeado tu vida a imagen y semejanza de la mía y por eso hoy vengo a exigir lo que es mío, lo que me corresponde, lo que me he ganado, lo que tú mismo, sin que nadie te obligara me has entregado.

Alejo: Y… ¿Qué es eso que me pides?

Voz del teléfono: Tu vida.

Mientras tanto, fuera del cuarto de baño, Laura comienza a impacientarse por la tardanza de Alejo y decide ir a buscarle. La joven, una vez frente la puerta del baño, comienza a llamar a su novio golpeando la puerta con sus nudillos. Pero, después de varios intentos, nadie responde a su llamada. Así que, ya un poco alertada por la falta de respuestas, decide abrir la puerta lentamente. En el interior de la habitación, completamente a oscuras, puede divisar la figura de Alejo sentado en el retrete. Y dirigiéndose a ella, le dice:

Alejo: Bueno cariño, volvamos afuera.

Laura: Que extraño. Tu voz está otra vez como cambiada.

El rostro del joven comienza a dibujar una ligera sonrisa. Seguidamente se acerca a Laura y le da un beso a la vez que acaricia su pelo. La coge de la mano y juntos salen del baño para reunirse con los demás.

Una vez ambos ya han salido del baño, podemos encontrar el teléfono móvil caído en el suelo con el nivel de batería casi agotado, tan solo unos segundos restan para que el aparato se apague. Y justo cuando el teléfono está a punto de apagarse, una voz puede oírse salir de aquel teléfono, una voz angustiosa, es la voz de Alejo que en un último esfuerzo por hacerse escuchar, suplica:

Alejo: Nooo, por favor, sacadme de aquí, por favorrrrrrr……

Queridos lectores, no quiero que después de leer este relato penséis que soy un tecnófobo ni nada que se le parezca. Nada más lejos de la realidad. Con toda sinceridad os digo que considero los adelantos tecnológicos una necesidad a la par que una gran muestra de lo fantástico que puede llegar a ser el hombre cuando se lo propone. Incluso en los casos en los que la tecnología es utilizada para hacer el mal, yo soy un gran defensor de ésta ya que cualquier tecnología, como cualquier otro instrumento al servicio del hombre, queda exenta de responsabilidades a pesar de que, a través de su uso, pueda hacerse el mayor de los daños, pues es el ser humano el que decide hacer uso de ella, para bien o para mal. No es el instrumento el que toma la decisión de ser usado para un fin bélico o para un fin constructivo, sino el hombre.

En realidad, al elaborar este relato lo hice con la intención de lanzar una pregunta al aire. Y esa pregunta es: ¿Cuándo fue el momento en el que dejamos de utilizar la tecnología para mejorar nuestras vidas para pasar a ser esclavos de ella?

 

Relatos de misterio y terror

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